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Estudios / ensayos clínicos: la importancia de conocer sus fases para hablar de medicina

Es relativamente habitual que cuando leemos literatura médica y oímos hablar a gente con experiencia, sobre todo la referente a niveles de Medicina Basada en la Evidencia, nos hagan referencia a “ESTUDIOS” o “ENSAYOS” en “FASE 1, 2 ó 3” cuando nos referimos al desarrollo de fármacos o procedimientos terapéuticos (quirúrgicos o no, PT-Q) de los que queremos demostrar si son o no eficaces. Es algo que deben dominar y conocer todos los cirujanos y residentes de cirugía de nuestro entorno.

Cuando hablamos de Estudios en Fase I, nos referimos a los primeros estudios que se realizan en seres humanos de un PT-Q que ya ha sido probado en lo que se conocen como “estudios preclínicos” en placas de Petri en el laboratorio o en animales de experimentación. Estos estudios persiguen evaluar la SEGURIDAD y tienen las siguientes características:

- Se quiere establecer cuál es la mejor vía de administración (oral o parenteral)

- Se quiere establecer cuál es la mejor dosis de administración. Es decir, cuál la dosis más alta a la que puede administrarse sin riesgo o la dosis más baja a la cuál aparecen efectos adversos. Los participantes del estudio deben ser monitorizados muy estrechamente y las dosis ajustadas de forma precisa.

- Se llevan a cabo en un número corto de personas, entre 10 y 50, que no necesariamente van a ser enfermos.

Los Estudios de Fase II usan ya las dosis y vía de administración que la Fase I ha establecido como seguras y buscan evaluar la EFICACIA del PT-Q. Obviamente ya si se utilizan siempre pacientes (personas enfermas), en número de 25-100, y lo que se persigue es ver si existe algún tipo de beneficio (curación/control de progresión de alguna enfermedad, mayor supervivencia o mayor calidad de vida), considerando que sus efectos adversos siguen siendo aceptables. Si se aprecia que los resultados son positivos, podemos pasar a la Fase III.

Una vez demostrado que el PT-Q funciona, los Estudios en Fase III COMPARAN su seguridad y eficacia CON EL ESTÁNDAR/ESTÁNDARES de tratamiento de referencia para ese problema en ese momento. Los Estudios en Fase III son el último paso que atraviesa un PT-Q antes de que la Federal Drug and Alimentation (FDA) de EEUU lo apruebe para su uso general. Idealmente, y para que aporten los más altos niveles de evidencia, los Fase III deberían ser randomizados, prospectivos y a doble ciego (es decir, que se asigna aleatoriamente a los pacientes a recibir el nuevo PT-Q o el de referencia y además el paciente no sabe a cuál de los dos está siendo sometido; de este modo, se pueden apreciar de forma clara los beneficios y efectos secundarios reales sin influencia de factores externos y sesgos. Estos estudios, para poder obtener diferencias que tengan peso estadístico entre los grupos que se comparan, necesitan en cada brazo de tratamiento un número importante de pacientes (usualmente cientos o miles). Los pacientes deben ser monitorizados, igualmente, de forma estrecha; no es infrecuente que los Estudios en Fase III deban detenerse porque el nuevo PT-Q tiene unos efectos adversos no admisibles o, por el contrario, la evolución del estudio marca un beneficio claro que es preciso aplicar lo antes posible.

Los Estudios en Fase IV se llevan a cabo sólo en contadas ocasiones y rara vez se comunican. Su único objetivo es demostrar si en el seguimiento de los resultados de Estudios en Fase II ó III se observan efectos secundarios no conocidos o beneficios adicionales no esperados.

 

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