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Una lucha en la que todos cabemos

La lucha contra el cáncer es la gran guerra que la Medicina libra en nuestro tiempo. Nadie está de más en esta batalla y médicos y pacientes necesitamos el apoyo de todos los estamentos sociales sin excepción. (IMAGEN 1) El día 21 de mayo de 2016 tuve el honor y la gran satisfacción de participar en la II Jornada Malagueña Contra el Cáncer que, bajo el lema 'Implícate en tu futuro' y organizada desde la AECC, ha reunido en un mismo espacio de encuentro físico a pacientes que han padecido o padecen algún tipo de tumor, a sus familiares y allegados y, finalmente, a profesionales de reconocida labor y solvencia en el tratamiento de la patología neoplásica. A nadie escapa que la Medicina 2.0 promueve cada vez con más dinamismo escenarios virtuales de confluencia con los pacientes; sin embargo, el contacto y el calor de la cercanía, del cara a cara, dan un valor añadido al humanismo que debe impregnar la labor de los que dedicamos el desempeño de nuestros esfuerzos diarios en esta línea de desarrollo profesional y en esta jornada ha quedado claramente puesto de manifiesto.

La sociedad del siglo XXI (la calle, el pueblo, la gente) debe dar de una vez por todas un gran paso adelante guiada por el ejemplo de los que, aún todavía a contracorriente en nuestros días, lideran y proyectan actividades como las que hemos vivido ayer desde la claridad de ideas y la valentía. Poder hablar abiertamente de cáncer, tumor o neoplasia (que todo quiere decir lo mismo) debe ser una necesidad y una obligación que nos permita eliminar de una vez por todas el maldito tabú al que aún nos enfrentamos los profesionales, dirigidos con frecuencia a dar rodeos semánticos y a hacer arquitectura gótica lingüística para poder explicar al paciente su padecimiento por el miedo y la sugestión a un impacto psicológico negativo y sus consecuencias en el proceso terapéutico. Este trabajo educacional, cuya finalidad de impacto va a ser siempre socio-cultural, debe hacerse desde todas las instituciones y de forma precoz para normalizar en la medida de lo posible la comunicación, comprensión y enfoque de los pacientes con cáncer hacia su enfermedad. Y, por supuesto, la sensibilidad, el cariño, el apoyo y la dedicación especial que requieren estos pacientes son perfectamente integrables dentro de un proceso de comunicación e información abierto, directo y técnicamente accesible.

Un segundo aspecto clave lo establezco en el papel de la propia clase médica a través de las sociedades científicas y colegios profesionales, que tienen la responsabilidad de promover y dar cuerpo a los proyectos que pretendan incorporar a las nuevas terapias quirúrgicas, médicas o radiológicas dentro del arsenal de lucha contra el cáncer. Y deben responder, además, de que ello se haga dentro de la mayor consideración ética y de los más estrictos límites de la Medicina Basada en la Evidencia (MBE); es decir, que sólo se aplique a los pacientes aquello que se haya demostrado como realmente efectivo y/o eficaz en términos de supervivencia a medio y largo plazo y con un perfil de seguridad demostrado dentro del seno de estudios prospectivos, randomizados y controlados (es decir, estudios que comparen con proyección de seguimiento futuro a grupos similares de pacientes en los que se prueban nuevos tratamientos respecto de los clásicos y en los que la asignación a los grupos se ha realizado al azar). En el polo opuesto es también obligado denunciar y señalar todas las campañas y propuestas de tratamiento que busquen, desde la mezquindad del mercantilismo y el engaño, aprovechar la desesperación y angustia de los enfermos con cáncer para introducir 'falsas terapias milagro'. Es asombroso como en nuestra propia ciudad y en medios de transporte se puede apreciar, a todo cartel y en fecha de hoy, publicidad engañosa en este sentido con absoluta impunidad ética; en EE UU esto sería, sencillamente, imposible.

El tercer aspecto cardinal hoy día debe venir del apoyo de los medios y las nuevas tecnologías de la información y comunicación, que tienen la obligación y la necesidad real de documentar con precisión toda la información relacionada con el cáncer y sus terapias. Es muy habitual que se reproduzcan comunicados en prensa escrita y radio en términos ambiguos e intencionadamente equívocos en los que el análisis técnico-científico del fondo del mensaje no existe y la forma de la cabecera mayusculada informa de algún hito de salud que concierne a un personaje con relevancia social, generándose un verdadero daño al levantar falsas expectativas en este sentido. De igual modo, la explosión de las redes sociales (RRSS) ha creado un nuevo escenario en el que, pese a que todo tiene cabida, los médicos tenemos un espacio de encuentro, conectividad y comunicación con los pacientes que no debemos desaprovechar. Los grandes hospitales del mundo, sobre todo los oncológicos norteamericanos, lo han entendido y han desarrollado unas estrategias digitales de alto nivel con una presencia muy interactiva llena de contenidos que enriquecen de forma continuada a la gran familia del paciente con cáncer; esta es una línea que debe ser referencia no sólo para nuestros hospitales en España sino también para los profesionales a título individual, ya que tenemos la oportunidad de aportar nuestra perspectiva personal y poner nuestro granito de arena en la lucha contra el cáncer.

Poder hablar de cáncer para los pacientes y con ellos es un indicador de una sociedad que madura en salud y en fuerza mental. Mi enhorabuena a los que promueven estas actividades desde hace algunos años en nombre de todos los que hemos tenido y tenemos el placer de poder devolverles de este modo, con nuestra presencia y nuestra ciencia, el cariño y la fidelidad que nuestros enfermos oncológicos nos dan en el día a día.

Enlace al artículo: http://www.diariosur.es/opinion/201605/24/lucha-todos-cabemos-20160524005227-v.html

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