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Valor para fracasar

El fracaso para el cirujano hoy día supone la falta de cumplimiento de alguno de los estándares de calidad marcados para el proceso asistencial que atiende, desempeña o desarrolla. Esta realidad de la moderna gestión clínica actual no puede actuar como un tabique impenetrable a la mirada retrospectiva y mucho menos cuando los cirujanos en muchos casos hemos olvidado de dónde venimos y los esfuerzos que cientos de colegas han llevado a cabo históricamente para que podamos llegar a tener los medios humanos, farmacéuticos y tecnológicos de los que hoy disponemos.

El miedo al fracaso es un limitador de velocidad ficticio que nos pone en riesgo de estancarnos y quedarnos varados en el no desarrollo. La historia de las civilizaciones, y la de la Medicina se ha ido ligando a ellas, no se escribe sin grandes fracasos precediendo a los avances más significativos. La Cirugía no ha quedado al margen y, aunque de forma más tardía en la evolución, se ha escrito con los mismos versos. “Valor para fracasar” nos enseña como los padres de todos los cirujanos han sufrido históricamente para poder sacar adelante y curar algunos pacientes (pocos, pero algunos) en los tiempos en los que el control del dolor, la infección y el sangrado eran una quimera. Grandes personas y emprendedores de la ciencia en tiempos sin recursos que tuvieron el valor de enfrentarse y superarse a ellos mismos  y sus propios fracasos desde el convencimiento de que tenían algo que ofrecer a la posteridad médica y quirúrgica. Su legado y su generosidad en la enseñanza han permitido transmitir sus logros y avances labrados en noches de sueño corto e interrumpido. Este video es un homenaje a todos los que han sido nuestros maestros y que, en otros tiempos más difíciles para todos tuvieron la generosidad y la entrega necesaria para volcarse en enseñar todo lo que habían aprendido en tantísimos años de experiencia.

La Medicina y la Cirugía del Siglo XXI responden a los estándares de la Medicina Basada en la Evidencia, y todos los pasos encaminados a la mejoría en la técnica deben hacerse siguiendo el proceso del método científico y sobre la base de estudios prospectivos, controlados y bien diseñados. Ello no debe hacernos pensar que hoy día el valor para fracasar no tiene sitio en nuestra carrera y en nuestra práctica, sino que debemos entenderla en otros escenarios diferentes, como son el de la investigación clínica (intentando mejorar los aspectos relativos a la práctica clínica diaria en la atención directa a pie de cama), las investigaciones experimental y traslacional (promoviendo el desarrollo de nuevos fármacos y terapias experimentales a nivel bioquímico y el laboratorio) y, finalmente, en el campo de la gestión clínica, favoreciendo el mejor aprovechamiento de los recursos disponibles (humanos, tecnológicos y económicos) en aras de ofrecer una mejor y más eficiente sanidad.

 

No perdamos nunca, ni dejemos de darle su sitio en nuestra sociedad, al VALOR PARA FRACASAR.

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