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Mi compromiso con la docencia, algo innegociable

La cirugía se ha desarrollado históricamente por el esfuerzo de muchos cirujan@s brillantes que han dedicado sus vidas y esfuerzos a innovar y permitir que nuevas técnicas irrumpieran y tuvieran un impacto real en la atención que se prestaba a los pacientes. Igualmente, y es algo que de lo que los elementos pictóricos han dejado constancia  lo largo del tiempo en forma de dibujos, relatos y obras de arte, los grandes cirujan@s siempre se han distinguido por su gran capacidad para el desarrollo docente y para transmitir sus conocimientos a sus discípulos sabedores de que ellos iban a ser los depositarios de lo aprendido y los encargados de dar el siguiente paso adelante. Son hombres y mujeres que en años en los que los medios técnicos y las posibilidades de estudio eran mínimos tuvieron la grandeza de darse a los demás en ciencia y arte sin ninguna limitación.

Desde que terminé mi período de formación como residente siempre tuve muy claro cuál era el trato que quería y debía dar a lo especialistas en formación, nuestros queridos residentes. Quizás por eso desde ese mismo momento acepté ser tutor de residentes y desempeñé esta función durante mis 9 años y medio como médico adjunto en el Hospital Regional “Carlos Haya”, dando una vuelta de tuerca al programa de formación y volcándome en el desarrollo y promoción de actividades docentes con el fin de inculcarles una filosofía de trabajo y una manera de entender esta maravillosa profesión. Sin duda con esto quería reconocer las enseñanzas que algunos de mis maestros y, al mismo tiempo, dejar en evidencia la actitud de algunos otros compañeros cuya poca y desganada voluntad docente dejaba mucho que desear y escondía un complejo de inferioridad y una mediocridad manifiesta.

Nuestros residentes son los cirujanos que nos han de operar en el futuro y para mi volcarme con ellos es un compromiso indiscutible. En la difícil situación laboral en que me encuentro en la Sanidad Pública es frecuente que mis compañeros me pregunten el porqué del esfuerzo que supone desplazarme 500 km para poder desempeñar mi puesto de trabajo, y mi respuesta es siempre la misma: mi compromiso con los ciudadanos en la Sanidad Pública me lo impone y, sobre todo, mi compromiso con la docencia y con enseñar todo lo que pueda a los residentes en unos tiempos en los que, además, la crisis ha hecho que el desapego y la desafección de los profesionales se hayan podido hacer extensivos a un menor interés docente.

Ayer he recibido un espectacular mensaje de agradecimiento del Dr. Eduardo Perea, médico residente de tercer año de mi Hospital, a través de una red social valorando lo que había aprendido de mí durante los 6 meses de rotación que hemos compartido y que os adjunto. Son precisamente estas cosas las que me mueven cada día para darme la paliza que supone cada día alejarme de mi casa y de mi familia para venir de Málaga a Virgen del Rocío a trabajar. Estas cosas que no tienen valor para los mediocres que gestionan y dirigen nuestra sanidad pública pero que son el valor máximo que debe mover a todos los profesionales especialistas de nuestro sistema sanitario: la atención a las personas, nuestros pacientes, y el máximo apoyo y compromiso docente con nuestros residentes. Sólo los que hemos andado este camino sabemos el valor que tiene la enseñanza sincera, la palabra de ánimo, el premio al trabajo bien hecho, el trato de igual a igual y el respeto a aquellos que responderán del desarrollo de la cirugía en los próximos 30 años.

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