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La mirada de África duele

La mirada que estoy echando a África duele. Cuesta trabajo mantener la vista para ver a 20 personas tiradas en el suelo esperando para ingresarse y ser operados a lo largo del día (algunos a las 9 de la mañana, otros a las 9 de la noche), y ver cómo lo hacen sin rechistar a la puerta de un salón habilitado de macrohabitación en dónde están los 20 pacientes operados del día previo preparándose para irse de alta.

 Una habitación única, sin mamparas ni tabiques, dónde duermen hacinados 20 pacientes cada día con un calor sofocante, un ventilador de torre como único apoyo y un hedor y olores a los que el fino olfato del europeo no tiene aguante. Hiere ver como esperan su turno sin rechistar, sin que ninguno exija prontitud y sin recibir llamadas de quejas porque tal o cuál paciente monta en cólera porque no quiere esperar más, costumbre muy al uso ahora (desafortunadamente) en España.

Te quita el aliento verlos llegar al quirófano dando las gracias y rezando por la oportunidad que tienen, como no abren la boca mientras se les canalizan vías venosas, se les pinchan anestesia raquídea o nos ven a nosotros a través de un paño mientras los operamos; tengan la edad que tengan, la actitud no varía. Y, finalmente, te duele ver cómo te esperan al día siguiente en su superhabitación multitudinaria a que los veas y les digas que todo está bien, cosa que ellos ya saben porque no se notan el bulto que han tenido durante tanto tiempo, porque están vestidos para irse de alta y porque no tienen dolor, y si lo tienen lo minimizan o no lo expresan. Cuesta mirarlos a la cara y ver que no le duele nada lo que has hecho, que son felices y agradecidos con tan poco; en definitiva, me duele mucho ver que no les duele, que además no quieren que le duela. Está claro que esta gente están hechos de otra pasta y de otro material.

Seguro que muchos os preguntáis cómo se come aquí. Pues no os lo puedo decir claramente, puesto que nuestra vida se restringe a una Guest House dónde cenamos, dormimos y desayunamos, dos todoterrenos que nos llevan y nos traen al E&J y las horas que pasamos trabajando allí. Hacemos vida de extranjeros y como tal nos tratan en el tema alimenticio. Por 25 dólares americanos de media al día nos ponen desayuno y cena y nos llevan la comida al Hospital, cosa que puede resultarnos no muy caro pero que se lleva más del 75% del salario medio de un liberiano; la comida es mayoritariamente “tex-mex” y obviamente este precio aquí no lo puede pagar nadie. Pizzas, tacos, “sping-rolls”, hummus, arroz en todo de tipo de variedades y tortillas francesas de verduras o jamón y queso. Es una vida muy monótona y esto, que está siendo muy duro a todos los niveles, se puede aguantar una semana, no más.

El Hospital entero está volcado con nosotros y, en un pueblo que es tremendamente solidario (las casi 4500 muertes por Ébola hace unos años les han dejado huella) tenemos a nuestra disposición voluntarios de las escuelas de enfermería y un par de médicos que son atentos y trabajadores a más no poder. Educados, respetuosos a más no poder y siempre con una sonrisa en la boca, se comunican con nosotros a través de su inglés - americano - africano que es bastante duro pero al cuál el oído va haciéndose el molde. Están de forma altruista con nosotros, según nos hemos enterado, y además ni siquiera comen durante el día (la respuesta que nos dieron ayer cuando les preguntamos que donde comen ellos cuando paramos media hora comer nosotros la comida que nos traen es que “ellos se alimentan de lo que Dios les envía”). En fin, sobra cualquier otro comentario. En realidad, todo el mundo está muy atento para que no nos falte de nada.

Hoy quiero dar las gracias desde esta entrada a las dos personas que más están trabajando y sudando la camiseta (en este caso el pijama, y nunca mejor dicho), y que son además las únicas debutantes del equipo en misiones de cooperación puesto que los demás ya somos todos repetidores. Sara Corredera y Verónica Fernández son enfermeras y compañeras mías del día a día habitual en los quirófanos del Hospital QuironSalud Málaga, y han dispuesto de una semana de su tiempo de trabajo para poder venir aquí a Liberia; ello les va a implicar estar doblando turnos las dos próximas semanas para poder compensar su ausencia pero creo que les está mereciendo la pena.

Su actitud es encomiable, no paran de traer y llevar material y pacientes durante 14 horas al día, instrumentan cada una un mínimo de 9 pacientes al día y además en muchos de ellos hacen de ayudante quirúrgico al mismo tiempo. Estoy muy orgulloso de poder tener compañeras de trabajo que den la cara de esta manera y además de mejorar profesionalmente y coger experiencia. Seguro que se han dado cuenta de que su nivel profesional está muy por encima de lo que ellas pensaban. Gracias por vuestro trabajo, que a fecha de hoy nos ha permitido ya haber operado a 137 pacientes para un total de 202 procedimientos quirúrgicos en 5 días. Realmente un registro impresionante.

 

 

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