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Mi Navidad paralela

Este año me ha tocado de nuevo guardia en el Hospital el día de Nochebuena, que es “Buena” para todos los que están fuera de las 4 paredes de cualquier centro hospitalario. La caída triste de la tarde y el silencio que envuelve el ambiente te presenta un día en el trabajo que es distinto, por más que las Urgencias estén llenas y los teléfonos que suplantan los antiguos “buscas” no paren de sonar. Sigue habiendo pacientes ingresados, las UCIs están llenas y las salas de espera de familiares no entienden de la llegada de Papa Noel y sólo esperan llamadas con buenas noticias que mitiguen una Navidad que ya no olvidarán nunca.  Sin embargo, para los profesionales que allí estamos no se trata de un día habitual, y aunque intentemos solapar la ausencia de la familia con el recogimiento de una cena entre vecinos de especialidad y compañeros de guardia, aunque la comida se salga del rancho habitual  con el que las empresas concesionarias de hostelería nos machacan el estómago en los días de trabajo, nada te elimina la melancolía de tener cerca a los seres queridos ese día. En efecto, es la Navidad y se te hace notar, te guste cantar villancicos o no, son un día y una noche diferentes.

La Navidad nos presenta también el bombardeo telefónico de “whatsapps”, tantos como contactos tienes y alguno más, muchos de ellos genéricos llegados desde el envío masivo y la misma postal e imagen que se repite decenas de veces. Muchos buscan la originalidad de forma absurda y viendo su origen te das cuenta de que el único motivo por el que te llegan es porque el “smartphone” tiene una tecla que dice “enviar a todos los contactos”. En el otro extremo, tengo la oportunidad de recibir muchos personalizados y dirigidos a mi, por ejemplo:

- I.P.P. me desea Paz, Amor y Felicidad y me dice que Nos vemos pronto. Estoy estupenda….gracias a ti…”Mí ángel de 4 alas”

- Rocío me dice que Desde lo más profundo de mi corazón te deseo a ti ya tu familia la más bonita de las Navidades. En estas fechas me acuerdo con más cariño si cabe de nuestro ángel de la guarda, el que ha hecho posible que un año más estemos reunidos junto a la mesa con una gran sonrisa

- Alberto me dice que Yo, mi mujer y mis hijas esperamos y deseamos lo mejor para ese grandísimo profesional y persona tan humana… Q gracias a su coraje y profesionalidad, humanidad y lleno de todo lo que hace falta para ser fuera de lo habitual en esta sociedad….esperamos y deseamos lo mejor para ti y toda tu familia en esta navidad y en el futuro….gracias…!! Otra vez…!!! Por hacer q disfrutemos de esta navidad con nuestra familia…un abrazo de toda mi familia..!!!

A éstos se suman algunas decenas más y muchas llamadas de pacientes míos y sus familiares, operados de cáncer, curados algunos y sobreviviendo en la incertidumbre otros, que buscan su espacio en la Nochebuena para compartirlo conmigo, a partir de la tarde, cuando llega el momento en el que se le funden los plomos a la hipocresía y aparece el sentimiento de verdad. Y entonces entiendo que tengo un privilegio único y que los demás no pueden compartir, el de estar sentado en la mesa de la cena de Nochebuena de muchas casas, el del recuerdo en el momento más importante del año para las familias. Me gusta llamarlo mi “Navidad paralela”. Y siento que no hay nada más grande ni una profesión que te pueda otorgar tanto honor y responsabilidad su desarrollo como la Medicina y, particularmente, la Cirugía.

Fuera de tu propia casa, de tu propia familia, no existe nada más reconfortante que el cariño y el reconocimiento al esfuerzo profesional directamente relacionado con tus actuaciones y al humanismo con el que trato de dedicar mi vida al tratamiento de mis pacientes. Ayer, al agolparse un año más en el día de Nochebuena y al estar yo de guardia, lejos de mi mujer y de mis hijos, he visto reflejado el devenir de mi día a día. Las horas renunciadas lejos de la familia para formar parte de “otras familias”; un tiempo que se va y no vuelve, pero que jamás podré considerar un tiempo perdido puesto que es el camino que yo he elegido. Y se me ocurre que nuestra profesión iría mucho mejor si todos los médicos, sin excepción, pusiéramos todo nuestro empeño en que nuestro esfuerzo y sacrificio diarios fuera de nuestras casas, de nuestras familias, dejase la huella humanista que la Navidad despierta.

Convirtamos nuestra vida profesional en una “Navidad paralela”.

 

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