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La verdad y la careta de Jennifer Cortés: una lección de vida

¿Qué puede llevar a una persona adulta y luchadora a aparecer en una entrevista de televisión ocultando su rostro tras una máscara?. Esta es la primera reflexión que me ha suscitado la magistral y siempre personalísima entrevista realizada por Paco García a Jennifer Cortés en su programa Cosa de dos del pasado Lunes día 24 de Mayo de 2015, disponible para todos los que no la hayan podido ver en Youtube sobre el link https://www.youtube.com/watch?v=inImIPbi0HE .

Las lecturas posibles que se me ocurren son dos, y ambas razonables. Primero, el miedo a la visibilidad y a la exposición pública; el miedo acumulado a lo largo de pocas décadas de vida por este ser humano con un sufrimiento a sus espaldas desgarrador por el hecho de querer ser y vivir como una mujer tras haber nacido en un cuerpo de hombre. No deja de ser un fracaso para nuestra moderna, plural y democrática sociedad del siglo XXI que una persona no pueda exponerse de forma libre y abierta al exterior por el miedo a la discriminación por motivo de sexo, cosa que además es anticonstitucional y no debería permitirse. La segunda explicación es totalmente opuesta y me cuadra más con el relato vital de Jennifer: la valentía. El valor de querer decir que “conmigo han querido acabar pero no han podido”, y ahora estoy aquí para dar nombre y dimensión real a lo que soy, una mujer. Y para dar voz en las firmas de los nombres que hay en mi careta, a las decenas de hombres y mujeres que hay en el mundo que no son ni sienten su genotipo, sino el del sexo opuesto, y que se someten a procedimientos médicos y quirúrgicos no sólo de profesionales de la Medicina sino también de toda la misma sociedad (con sus prejuicios de valor) para poder llegar a tener el fenotipo sexual que sienten desde el mismo momento en que tienen uso de razón. Valentía y denuncia para luchar contra el miedo padecido.

Y quizás también esa careta es la que se ha quitado, y para mal, el Servicio Andaluz de Salud con Ley de Transexualidad del año 2014 que ha roto la integralidad y centralización que tenían los pacientes con disforias de género de Andalucía, que así es como se conoce desde el punto de vista técnico a este padecimiento, en la UTIG del Servicio de Endocrinología y Nutrición de Carlos Haya en Málaga. Tras una apuesta decidida de casi dos décadas en la que los pacientes con trastornos de identidad de género tenían su atención psicológica, endocrinológica, médica y quirúrgica integrada, el SAS ha decidido fragmentar esta asistencia multidisciplinar y aristar, imagino que para que chirríe y derrape, la bola que tan bien rodaba. No tocar lo que bien funciona es un principio que rige la dinámica de todos los proyectos grupales en todas las facetas profesionales, pero en la Medicina es algo aún más dramático porque lo que se altera es la salud física o psíquica de las personas. Hacerlo sin tener en cuenta la opinión de los pacientes, un sistema precisamente que presume de haber hecho del usuario (¡que palabra más fea!) su eje de actuación, ralla lo irrespetuoso y no puede ser justificado.

¿Dónde está el respeto al trabajo de los profesionales, que han hecho la travesía del desierto para desarrollar un proyecto de liderazgo y a los que ahora se da de lado?. ¿Es esta la forma de reconocer su trabajo y esfuerzo de más de 20 años, fragmentándolas y privando de la multidisciplinariedad focalizada a pacientes crónicos que los necesitan, como son los de las disforias de género?. El que esto escribe ha vivido en primera persona lo que realmente suponemos los profesionales para el sistema sanitario público andaluz, y es que no somos más que la representación de la teoría de que “no hay nadie imprescindible” o que “todos somos prescindibles”;  la teoría de que nadie cuenta contigo para disponer de ti, de tus ilusiones  o de tu proyecto profesional. Sin embargo, el respeto a los pacientes se supone que se mantenía, que no se les daba de lado y se procuraba que la colateralidad o tangencialidad del agravio a los profesionales y a los proyectos no les salpicara. Pero no es así, y lo estamos viendo. Jennifer Cortés dice que la Dra. Isabel Esteva, alma máter de la UTIG de Carlos Haya, le ha dicho repetidas que dicha Unidad no es una fábrica de hacer “Barbies”. Cierto es y debe considerarse, tanto asíccomo la afición y predisposición del Servicio Andaluza de Salud a actuar considerando a l@s profesionales, a ellos si, como verdaderos muñecos; verdader@s “Barbies” y “Kents” en sus manos, eso es lo que somos.

Gracias Paco García y gracias Jennifer Cortés por estos 45 minutos de lecciones. Las personas valientes son las que escriben la historia y abren lo caminos, aún a pesar de ser arietes con sus propio cuerpo. Y les merece la pena.

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